Las relaciones de empleo se desarrollan bajo la guía de distintos principios generales que orientan el comportamiento tanto de la persona trabajadora como del patrono.
Dentro de estos principios, la buena fe ocupa un lugar fundamental, al regir de manera integral cada actuación, conducta, función y obligación que surge en el marco de una relación laboral.
Aunque la buena fe no es un principio exclusivo del derecho laboral, su relevancia se encuentra claramente reconocida en la legislación costarricense. El artículo 19 del Código de Trabajo dispone que el contrato de trabajo no solo obliga a lo expresamente pactado, sino también a todas aquellas obligaciones que se desprendan del mismo conforme a la buena fe, la equidad, la costumbre y la ley.
Contenido y alcance del principio de buena fe
Desde la perspectiva doctrinal y jurisprudencial, se ha sostenido que el contrato de trabajo posee un componente ético, que permite a las partes confiar legítimamente en que la otra actuará de manera honesta, leal y transparente, evitando conductas abusivas, engañosas o contrarias a la confianza mutua.
Este principio se traduce en un elemento esencial de toda relación laboral: la confianza, la cual debe preservarse no solo durante la ejecución del contrato, sino también desde su inicio y hasta su finalización.
Buena fe y obligaciones recíprocas
La buena fe impone deberes a ambas partes de la relación laboral, exigiendo un comportamiento coherente y responsable.
Deberes del trabajador
i. Desempeñar sus funciones conforme a las responsabilidades del puesto y a las instrucciones legítimamente recibidas.
ii. Mantener una conducta leal y fiel hacia el patrono.
iii. Evitar acciones u omisiones que puedan inducir a error respecto del cumplimiento de sus obligaciones laborales.
Deberes del patrono
i. Abstenerse de ejercer sus potestades de manera abusiva o arbitraria.
ii. Aplicar el régimen disciplinario con criterios de objetividad, proporcionalidad y razonabilidad.
iii. Analizar las faltas laborales considerando las circunstancias específicas de cada caso, siempre bajo el parámetro de la buena fe.
En particular, en el ejercicio del poder disciplinario desde una amonestación hasta un despido sin responsabilidad patronal la buena fe debe constituir un criterio determinante, tanto para valorar la conducta atribuida como para definir la sanción correspondiente.
Desafíos en el contexto laboral contemporáneo
La evolución de las formas de prestación de servicios, como el teletrabajo, junto con el uso intensivo de herramientas tecnológicas, sistemas de control digital y medios virtuales de comunicación, ha modificado significativamente la dinámica laboral tradicional.
Ante este escenario, cobra especial relevancia la aplicación del principio de buena fe, sustentado en:
i. Confianza mutua
ii. Actuaciones honestas
iii. Conductas coherentes y leales
Estos elementos resultan indispensables para preservar el equilibrio de la relación laboral y fomentar entornos de trabajo sostenibles.
La buena fe trasciende su carácter jurídico y se consolida como un estándar de conducta esencial en las relaciones de trabajo. Su adecuada observancia permite prevenir conflictos, fortalecer la confianza entre las partes y asegurar un ejercicio responsable y equilibrado de los derechos y obligaciones laborales.
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